¿Por qué nadie habla de lo que pasó con Moodle en las entidades públicas colombianas?
Llevo una década metido en esto. He visto implementaciones de Moodle que costaron fortunas, capacitaciones que nadie tomó, servidores que colapsaban cada martes a las 10 de la mañana. Y lo más bacano del asunto es que los reportes que suben a internet dicen que todo está de maravilla. Eso es lo que molesta.
En FONTUR tocó de cerca una implementación que parecía del futuro. Plataforma Moodle nueva, integración con directorio activo, espacio para 3.000 usuarios simultáneos. Bonito en la presentación PowerPoint. La realidad fue diferente. A los tres meses, los servidores empezaron a tener picos de CPU inexplicables. El proveedor echaba la culpa a plugins mal configurados. Los desarrolladores internos decían que el hardware era insuficiente. Nadie quería responsabilizarse. Mientras tanto, los funcionarios seguían usando WhatsApp para compartir documentos de capacitación porque Moodle tardaba 40 segundos en cargar cada página.
Y ahí está la cosa que nadie escribe. Los casos de éxito publicados en los portales institucionales son mentiras a medias. No son mentiras totales, pero dejan por fuera todo lo que salió mal. Ojo con eso.
El problema real no es tecnológico
La verdad incómoda es esta: Moodle no fracasó en el Estado colombiano por limitaciones técnicas. Fracasó porque nadie —de una— se preparó para mantenerlo. No es lo mismo instalar una plataforma que garantizar que siga funcionando en cinco años. En el Archivo General de la Nación vi documentación técnica que databa de 2015. Cinco años sin actualización. ¿Cómo esperas que un sistema siga siendo seguro?
Tampoco hay presupuesto real para administradores Moodle dedicados. Todavía no entiendo por qué las entidades publican ofertas de empleo pidiendo "especialista en Moodle" con salario de técnico en informática. Así es imposible retener a alguien que sepa qué está haciendo.
Lo que se documenta versus la realidad
Bueno, no exactamente. Sí hay documentación. Abundante. El problema es que toda apunta en la misma dirección: hacia arriba. Reportes de cumplimiento, métricas de usuarios inscritos, certificaciones emitidas. Pero nadie registra los tickets que llegan cada viernes diciendo "no puedo entrar a Moodle desde mi casa". Nadie documenta cuánta gente deserta a la segunda semana de un curso porque la plataforma es incómoda. Aunque algunos directorios de TI sí tienen eso interno, nunca sale de esos espacios.
En la Secretaría Jurídica Distrital pasó algo curioso. Implementaron Moodle para capacitación en derechos administrativos. Excelente idea. Pero la plataforma estaba en un servidor compartido con otras tres aplicaciones. Cada vez que alguien subía un video de 500 MB, todo se ralentizaba. Los abogados se quejaban. La respuesta oficial fue: "Es que hay mucho tráfico en la red". La respuesta real habría sido: "No presupuestamos correctamente la infraestructura".
Me equivoqué cuando pensé que el cambio vendría del sector público. Creí que algún director de TI se atrevería a documentar públicamente los fracasos, los gastos innecesarios, los contratos mal hechos. Pero eso no pasa. El sistema se protege a sí mismo.
Hasta ahora, el único cambio que veo es que más entidades están migrando a plataformas en la nube. ¿Será porque Moodle no funcionó, o porque alguien tiene un contrato firmado con Amazon?
